Caminandog, Soy más perro...

2014

2014 ha sido benévolo conmigo.

Mucho esfuerzo por encontrar trabajo, muchas personas pidiendo ayuda para ellos y sus perros, algunos de ellos decidieron esforzarse por ayudar a su peludo, muchos otro no 😦

Muy satisfecha por que de los que se decidieron a contratarme me han expresado su gratitud y han descubierto un nuevo mundo, han descubierto una nueva forma de convivir con su perro, más rica, más equitativa, más plena.

2014 ha sido el año que decidí cambiar de tercio, una decisión nada fácil porque cuidar perros en casa me reportaba la mayor parte de mis beneficios, pero tras formarme quería hacer más. Y, hablando en plata, nunca mejor dicho, aunque educar y adiestrar perros me da menos “pasta”, sí que me da grandes satisfacciones, entre ellas aprender más y más. Más sobre mí, sobre ellos. Los perros siempre te dan una imagen clara de lo que proyectas y, a menudo, no tiene nada que ver con lo que tú crees que sientes.

2014 es el año en que Lolo fue adoptado. Una gran alegría para mí. Tras año y medio largo de trabajo y convivencia el desgaste era evidente. Yo ya no podía hacer más por él. Pero no era una derrota. Era una revelación. Eso me ayuda a comprender a las personas que me llaman y conviven con un perro con problemas de comportamiento; es duro, muy duro. Erra y Paloma aparecieron en el momento justo. Lolo será muy feliz con ellos: le aceptan como es y le dan lo que necesita, seguridad, afecto, estabilidad (y mucho trabajo de nariz y autocontrol!).

2014 ha sido el año del regreso de Gómez a nuestras vidas. Jamás podré agradecer suficiente que la vida me lo haya devuelto. Cuando lo dimos en adopción, creímos que sería para siempre, que era el hogar perfecto. Las personas a menudo nos decepcionan, los perros no. Gómez volvió a casa en un día muy, muy especial: el 4 de julio. Ese día, pero de 2011 (ese sí que fue un año jodidísimo 😦 ) perdía a Lucky y me quedé huérfana, rota. Gómez es especial por muchas razones, todo el que lo conoce lo sabe. Luca, Gómez y yo somos ahora una familia. Completa.

Sí. Soy afortunada. A pesar de un mundo hostil y egoísta, yo tengo más de lo que merezco. Mucho amor y una familia (también la humana) a la que quiero y necesito. Sé que no se lo digo lo suficiente, pero ¡qué coño! ¡Es Navidad!

Felices comienzos a todos!

2014
Una parte de mi
Caminandog

A propósito de Lolo

Lolo es un yorkie muy guapo, divertido, juguetón, cariñoso y muy, muy inteligente. También es un perrito muy sensible. Cualquier cambio en su entorno le estresa y eso le hace reaccionar mordiendo. Lolo está viviendo conmigo en acogida, pero “pertenece” a la Protectora Mosqueperros.

¡Lolo feliz!

La historia de Lolo es la historia de tantos perros; lo abandonaron. Estuvo muchos años a su libre albedrío, callejeando por su pueblo donde todos le conocían y sabían quién era su dueño. Un dueño que lo dejaba sólo en el pueblo durante semanas mientras ellos vivían en la ciudad con su nuevo chihuahua. Lolo ya no les gustaba, así que lo dejaban allí, sólo, buscándose la vida.

Ésta fue la primera foto que le hice a Lolo, hace casi un año, cuando vino a pasar unos días en casa.

Lolo vivía sin normas, sin que nadie lo contradijera. Cuando algo o alguien lo molestaba le enseñaba los dientes y le dejaban en paz. Así aprendió que morder es una buena forma de alejar lo que no te gusta y siguió aplicando esa estrategia. Sin embargo Lolo es un perro muy cariñoso: cuando vas con él por la calle y te paras a hablar con alguien Lolo es el primero en pedir mimos. ¡Incluso hay gente que lo ha cogido en brazos! Pero cuando es el cuidador habitual el que quiere tocarlo la cosa cambia: Lolo se transforma y empieza a gruñir y a mirarte de lado; ¡al menos avisa de que está dispuesto a morder! Sin embargo algún que otro mordisco me he llevado, particularmente en los pies (con zapatillas ¡afortunadamente!).

Lolo siempre vigilando lo que ocurre a su alrededor

Debido a su carácter, y aunque con los perretes más pequeños es muy sociable, algunos perros grandes le han gruñido e incluso atacado. Lolo se ha llevado bastantes mordiscos. Lo peor sucedió éste verano, cuando un dálmata que pasaba unos días en casa lo agarró sin previo aviso y lo zarandeó. Afortunadamente yo estaba cerca y conseguí que lo soltara casi inmediatamente, pero para entonces a Lolo ya le había roto cuatro costillas. Se le produjo un neumotórax y pasó muchos días ingresado. Cuando volvió, todo el trabajo que llevábamos hecho se había venido abajo.

Lolo pasó días ingresado. Le pusieron una válvula para extraer el aire del neumotórax. ¡Éste pequeño es un superviviente!

La agresividad de Lolo proviene de no ser capaz de gestionar el estrés de forma adecuada y de estar constantemente alerta, o sea, activando los mecanismos del estrés. Lolo descansa poco, tarda en dormirse y cuando lo hace incluso gruñe en sueños y se despierta sobresaltado mordiendo al aire.

La forma de que Lolo tenga una vida tranquila y feliz es darle herramientas para gestionar esas situaciones que tanto le estresan y que a menudo son cosas cotidianas: ponerle la correa, manipularle para cepillarle o bañarlo, darle órdenes, pequeños cambios en el entorno (especialmente cuando vienen otros perros a casa). Hay que enseñarle que morder no es una buena opción y que se puede vivir muy tranquilo a pesar de las pequeñas cosas desagradables que pasan a nuestro alrededor. También hay que enseñarle a relajarse, para que no acumule estrés constantemente. Para eso hacemos juegos de olfato que le ayudan a enfocarse en una sola cosa, estimulan su olfato (que para los perros es como la vista para nosotros), le hace estar concentrado y atento y le cansan mentalmente ayudándole a relajarse.

Ésta postura es la de máxima relajación y bienestar. Si tu perro duerme así a menudo, ¡enhorabuena! Lolo sólo consigue dormir a pierna suelta a veces.
Lolo duerme con la lengüita fuera. ¡A que es adorable!

Lolo también está aprendiendo a jugar. En realidad le encanta jugar, pero no de forma colaborativa con el humano. Si intentas cogerle la pelota, aunque te la esté ofreciendo, gruñe y sacude un poco la cabeza (me he llevado algún mordisco por ésto). Por eso ahora jugamos con un mordedor blandito y alargado, para que yo pueda cogerlo sin miedo a que me muerda, y en las sesiones de juego Lolo lleva una correa larga puesta para poder manejarlo: traerlo suavemente hacia mí para que traiga el juguete, por ejemplo. Enseñándole normas en el juego conseguimos que Lolo las acepte mejor y además, descargue estrés y aprenda a autocontrolarse.

Cuando Lolo llegó a casa era imposible tocarlo; saltaba como un resorte a morderme las manos. Era imposible incluso ponerle la correa de modo que la llevaba puesta todo el día. Ahora Lolo tiene una sesión de masajes al día. ¡Sí, sí! ¡Masajes! Es otra forma de enseñarlo a relajarse y también a que se deje manejar con las manos. Ahora ya hay veces en las que se pone panza arriba y me deja acariciarle el pecho, aunque ésto aún le cuesta bastante; mostrar la tripa para un perro supone ponerse en una postura muy vulnerable, lo que demuestra una total confianza cuando lo hacen (o sumisión cuando lo hacen porque les regañamos o porque otro perro les gruñe).

A Lolo le encanta jugar, aunque tiene que aprender a hacerlo con normas.

A Lolo le queda camino por delante. Sin embargo cuando veo cómo llegó y cómo está ahora, me convenzo de que Lolo podrá vivir en un hogar donde sepan tratarle y lo quieran mucho. Lolo en realidad es entrañable. Aunque su “lado oscuro” asusta, hay que entender que ha sido lo que le ha llevado a sobrevivir todos esos años de abandono. Y no es fácil dejar de hacer algo que te ha dado tan buenos resultados!

Os mantendré al tanto de los progresos de Lolo. Ya se merecía que os hablase de él!

Caminandog

Un año con Gómez…

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Gómez viajando en Cercanías. Muy atento al paisaje!

Éste blog nació a raíz de mi primera acogida, Jack. Mi querido Lucky había muerto en verano y decidí no adoptar sino ser casa de acogida. Sabía que había muchísimos perros en espera de un hogar y mi intención era ayudar a todos los que pudiera. Jack era un perro fantástico, muy equilibrado a pesar del maltrato que ya había sufrido en su primer año de vida: lo habían tenido encerrado en un garaje y tenía miedo a atravesar puertas. Adoptaron a Jack al mes y pico de tenerlo en casa. Y aunque fue poco tiempo, el trabajo para rehabilitar su miedo y su saber estar y templanza me unieron a él enseguida. El día que lo entregué me tragué las lágrimas todo el tiempo hasta que salí de la casa.

Pocos días después de su llegada, mi primera foto con Gómez

Al poco tiempo llegó Gómez, un galgo de Galgos112. Gómez no era un galgo triste ni tímido. Venía lleno de energía, quería correr y correr sin parar. Gómez pronto empezó a mostrarse impaciente; necesitaba más. Más espacio, más retos, más juegos. Parecía que nunca conseguiría canalizar su energía: lo destrozaba todo, robaba comida, no paraba quieto! Pero en un par de meses cogió la rutina de paseos y ejercicio y las normas de la casa. Empezamos a entendernos!

La ansiedad por quedarse sólo cambió para siempre el aspecto de mi casa!

Después vino la ansiedad por separación. Gómez no sabía estar sólo en casa. Ladraba incasablemente, destrozaba lo que pillaba y lo adornaba todo meándose encima. Ha costado mucho conseguir que Gómez no la líe cada vez que me voy a trabajar sin ellos, o a la compra, o a cualquier cosa.

Justo antes de Semana Santa, estábamos en el área canina del Parque de Navarra cuando se estampó con un árbol. Sonó un “clack” y pensé que se había partido en dos! Se había roto el ligamento anterior de la pata trasera. Madre mía! ¿Cómo mantener a Gómez tranquilo sin hacer ejercicio? Después de la operación me dijeron que no debía soltarlo en un mes; depués de ese primer mes el traumatólogo dijo que un mes más… y en la penúltima revisión que un tercer mes sin correr! Qué tres meses más difíciles! Muchos paseos cortos al cabo del día. Muchos juegos de olfato para cansar su mente. Y aún así Gómez se desesperaba por correr con otros perros! Había que sujetarlo como un caballo salvaje cada vez que alguno se acercaba porque empezaba a rampar y saltar y ladrar… “quiero jugar… quiero correr!”. En casa volvió a romper cosas y pensé que no aguantaría mucho más así.

Recién operado y bajo los efectos de los calmantes
Al día siguiente de la operación

Pero por fín llegó el día y Gómez corrió hasta hartarse. Su cara de felicidad lo decía todo!

Desde entonces todo ha ido a mejor. Aunque volvió a ladrar sin parar y romper alguna cosa cuando me iba, ahora podríamos trabajar con el cansancio físico también a nuestro favor. Hoy Gómez puede quedarse sólo en casa tranquilo y sin sufrir. Aunque más vale quitar las cosas valiosas de en medio!

Gómez siempre divertido!

Gómez siempre ha sido un perro descaradillo, divertido y juguetón. Fue el mejor anfitrión para los perros que venían a casa y el mejor compañero de juegos de cualquier perro que nos encontrásemos en el parque. Tierno con los cachorros y los perros pequeños, vigoroso con los más grandes, siempre picándoles para correr y jugar sin parar. Luca y él se convirtieron en inseparables; donde iba uno iba el otro. Siempre jugando juntos, descansando juntos, liándola juntos! Me paraban por la calle para acariciarlo y él encantado. Muy zalamero y cariñoso, allí donde alguien bajaba una mano, iba él para que le dieran mimos. Sé que muchos de los que le conocisteis lo queríais; no se puede no querer a Gómez.

Los cachorros son su especialidad!
A pesar de su vigor, sabía ser tierno con los pequeñajos

Luca y Gómez son los mejores amigos

Hace unas semanas, mientras le daba mimos, esos que tanto pide, le miré y le dije bajito: “Si en seis meses no te adoptan te quedas con nosotros”. Era una promesa.

Pero la vida va a su ritmo. El domingo pasado fuimos a conocer a la familia; sólo a conocerla. Pero Gómez encajó tan bien que se quedó. Cuando su adoptante dijo “mí Gómez” el estómago me dió un vuelco. Y cuando Poté y Susana, de Galgos112, me preguntaron si estaba de acuerdo en dejarlo allí ese mismo día, no pude decir otra cosa más que sí. Gómez andaba como loco, corriendo en el jardín, explorando todo, jugando con su nueva compañera la “Flaca”, yendo y viniendo con los chavales de la casa… Vi claro que era el hogar perfecto para él.

Meeting Flaca
Vuela Gómez!

Muchas veces la gente me ha preguntado sobre ésto de ser casa de acogida: “¿Y no te da pena?”. “Pues claro que me da pena. Pero es lo que elegí hacer”, contesto yo. Pero eso sólo es lo que sale de mi boca, porque mi cabeza responde: “Infinita”. Se llora mucho cuando te despides del que ha sido tu compañero; yo sigo llorando a “mí” Gómez.

En su nuevo hogar con su adoptante y Flaca

Comencé a escribir éste post antes de llevar a Gómez a su hogar definitivo. Pasados unos días aún se me saltan las lágrimas al recorrer la casa con la mirada y no sentirle, al ver cómo Luca también otea el horizonte buscándolo, al recordar tantos momentos difíciles, divertidos, tiernos, que hemos pasado con él. Pero como dice mi amiga Inma, haciendo una analogía, “a los hijos hay que dejarlos volar y seguir su vida”. Yo no tengo hijos, pero imagino qué se siente: por mucho que Gómez esté en el mejor lugar del mundo, lo echaré de menos.

A volar Gómez!

El momento más difícil: decirle adiós a Gómez
Soy más perro...

Gómez, el galgo destructor

Gómez es un galgo inglés de un año y medio. Lo tengo en acogida para la protectora Galgos112 desde hace algo más de un mes.

Es un galgo extrovertido, juguetón, descarado, ladronzuelo, curioso hasta exasperarme y muy lleno de energía. Ha desarrollado ansiedad por separación y estamos trabajando en ello para que pueda encontrar un buen hogar.

Los primeros síntomas de un mal apego con el humano son seguirlo a todas partes y no parar de buscar el contacto físico. Lo siguiente empezar a hacer nido con objetos que le pertenecen, es decir, llevárselos a su lugar de descanso, al principio sin romperlos. Suelen coger cualquier objeto que tenga el olor de “su” humano: calcetines, ropa interior, zapatos, mecheros, libros, mandos a distancia, botes de crema… cualquier cosa que hayas tocado y conserve tu olor.

Mucha gente se toma con humor esta fase y dice que es que el perro le echa de menos o le quiere mucho. En realidad el perro ha establecido una incorrecta relación de apego con el humano. Algo que no se daría en la naturaleza con sus congéneres por que ya le habrían displinado por estar todo el día pegado a su culo, o sea, invadiendo su espacio, y por “robarle” sus objetos, ambas cosas muy poco respetuosas en la etiqueta canina.

Pero el humano trata al perro como humano y agrava las cosas. El perro empieza a romper los objetos que antes sólo se llevaba a su lugar de descanso. Se siente nervioso, ansioso y aburrido cuando se queda sólo. El humano se enfada cuando descubre el desastre, pero ya es tarde: los perros viven el momento; sólo entienden la acción y la reacción encadenadas en el tiempo. Cuando te enfadas al volver del trabajo y agachan las orejas, lo hacen para tranquilizarte, no por que “comprendan” el motivo de tu enfado.

Finalmente llegamos al límite: muebles y paredes roídos, toda clase de objetos esparcidos y rotos por todas partes, lloros, ladridos, aullidos incansables durante horas y horas, micciones decorándolo todo y un perro y un humano sufriendo, infelices y, al menos éste último, renegando de su mascota.

Algunas personas aprenden a vivir con ello a costa de encerrar a su mascota en el baño, por ejemplo. Hace poco, conocí a una persona que se llevaba al perro al trabajo y lo dejaba en el coche, en el garaje de la empresa, ladrando, las 9 o 10 horas que él estaba allí. Otros, deciden deshacerse del perro. Para mí, éstos no son ejemplos a seguir.

Existe una solución: trabajar con el perro, reconducir su energía y establecer un nuevo vínculo con él. Evidentemente cuanto antes detectemos el problema, antes podremos ponerle solución. Aunque en realidad el problema no existiría si la gente que decide tener perro supiese tratarlos como tales y conociese la forma de comportarse de los perros en lugar de tratarles como humanos.

Cuando un perro llega a casa, por joven que sea, no debemos estar toooodo el rato con él en brazos o pegados a él. Debemos acostumbrarle a estar sólo a ratos. Incluso si estamos en casa, debemos enseñarle a permanecer en un sitio tranquilo que él considere su lugar de descanso. Es muy útil tener para ello una jaula o transportín de tamaño adecuado. No es cruel encerrarlos si se les muestra el lugar de forma agradable, con recompensas, juegos, etc. Los perros son animales de madriguera. Les gusta estar recogidos. ¿Te has fijado en cuántos escarban agujeros a modo de cuna y se acuestan dentro?

Establecer una posición de liderazgo respecto al perro es importantísimo. TODOS los humanos de la casa, incluso los niños y los bebés, deben ser jerárquicamente superiores para el perro. Para el perro! No basta con que nosotros creamos ser los líderes; tenemos que ganarnos la confianza y el respeto del perro; ellos no siguen a un líder por que sí; tendremos que ganarnos esa posición. Un líder para ellos procura comida, agua y protección a la manada. Les guía en la búsqueda de alimento, es decir, les pasea. Y resiste más que él; es más fuerte y rápido que él. Por naturaleza no lo somos, pero somos más inteligentes y además vivimos en una “no naturaleza” que comprendemos mejor que ellos. El liderazgo es importante en la ansiedad por separación por que en sus genes este comportamiento jerárquico está “grabado”. Los líderes a menudo abandonan la manada para ir a cazar o explorar. Sin embargo los seguidores se quedan en la madriguera cuidando el hogar, los cachorros y al resto de la manada. Para ellos carecería de sentido que, siendo ellos los líderes, su manada humana, a la que tienen que proteger, se marchase sin ellos. Por eso muchos perros pasan horas ladrando y rascando la puerta (cavando un agujero para salir en realidad) cuando se marcha el humano.

Otro error muy común es despedirnos al marcharnos. El protocolo canino establece que las muestras de “afecto”: lametones, saltos, excitación, etc. son el preludio a salir JUNTOS  a cazar. Cuando el líder o los líderes (normalmente una pareja formada por un macho y una hembra denominados alfa) se van, simplemente, se van. Puede que los seguidores lo observen en busca de una señal. Pero el líder no mira atrás y eso es señal de que se va sólo y el seguidor se tiene que quedar. El humano tiene que reproducir éste comportamiento. No hablar, no tocar y no mirar a los ojos a su mascota cuando se marche. Al menos 15min. antes de salir por la puerta ignorarlo por completo. Y exactamente igual al volver. Entrar en casa poseyendo el espacio, no permitiendo que el perro rampe (salte) sobre nosotros o nos impida el paso, pero sin hablar ni mirar a los ojos ni tocar excepto lo imprescindible para abrirnos paso o disciplinarle si es preciso (yo uso las piernas igual que ellos usan su cuerpo, es menos interactivo, pero igual de efectivo).

Cansa a tu perro. Cansa a tu perro. Cansa a tu perro. Una vez más la gente piensa que un perro se cansa por soltarlo dos horas en el parque. Error. Es muy probable que vuelva muy excitado a casa después de correr como un loco y jugar con otros perros a lo bruto mientras tú charlas despreocupadamente con otros dueños. Camina con tu perro. Aprende y enséñale a pasear a tu lado, sin tirar de la correa; eso supone ejercicio físico y mental, una actividad controlada y estructurada, guiada por el humano, por el líder que es quien establece las normas y el orden de las actividades. Sueltale un rato para que corra a gusto, practica la llamada. Decide tú cuándo olisquea y dónde para que haga sus necesidades en el lugar correcto y no en medio de la acera. Por supuesto, recoge sus deposiciones. Todo esto es parte del paseo: la actividad más importante que realizarás varias veces al día con tu perro. Sal y entra de casa y de cualquier sitio, atraviesa cualquier cancela, estrechamiento y puerta delante de tu perro y siempre tranquilo y firme, dueño de la situación. Usa tu cuerpo, las piernas, las manos, la correa, ruidos como herramientas para comunicarte con él. Observalé y aprende.

Gómez, va haciendo progresos. Paseamos en manada varias horas al día. Tenemos una rutina diaria de actividades establecida que le proporcionan seguridad y confianza. Mi liderazgo está afianzado y cada vez es más independiente. Todavía lo dejo en su transportín cuando se queda sólo (sólo un par de horas varios días a la semana), pero para él es un lugar agradable donde descansa voluntariamente cuando está en casa. Proporcionarles juguetes y distracciones tipo kong no está de más, pero si un perro está cansado, no hay nada mejor que un buen sueñecito mientras el líder anda por ahí.

Caminandog

Jack en su nuevo hogar

Jack ya lleva dos noches en su nuevo hogar y según informa Tania se ha adaptado estupendamente. No es de extrañar: es una casa amplia con jardín y piscina sin demasiados espacios angostos donde a Jack le cueste entrar. El entorno es ideal para cualquier perro (y humano!).
Sin embargo más importante que el entorno es la estructura social que se le proporcione al perro. Un perro grande y muy activo puede ser feliz y pleno en un apartamento enano si se le proporciona ejercicio físico y mental y reglas. El afecto ni lo menciono por que de eso les damos a raudales, en exceso y a destiempo en la mayoría de los casos.

Hoy Tania me ha llamado por que Jack le ha enseñado los dientes. Me ha dejado muy preocupada por que es algo que no ha hecho jamás durante su acogida. Por lo visto se ha comido una servilleta en el jardín y Tania se la ha querido quitar de la boca; Jack le ha dejado claro que no la respeta en absoluto. Es muy mala señal. Pero se puede corregir si se trabaja en ello. El trabajo no es con Jack, es con los humanos de la familia. Tania es inexperta, pero está poniendo mucho de su parte: saca a pasear a Jack tres veces al día varias horas, trata de imponer disciplina, se deja aconsejar, consiguió que sus hijos ignorasen al perro cuando lo llevamos y está siguiendo las pautas que tanto la entrenadora que contrató como yo le dimos. Hoy al hablar por teléfono me ha dicho que su marido sin embargo es más condescendiente con Jack y que además muestra su desacuerdo con ella en la educación del perro. Quiere que le deje hacer lo que quiera y que sean los humanos (hablando de la fiesta de Nochevieja que darán en casa) quienes se adapten a la presencia de Jack en lugar de dejarle en un lugar tranquilo de la casa como le aconsejamos.
Las consecuencias de este pequeño caos es que Jack ya está tomando el control de la situación. Lo llevan en los genes. Tiene que haber estructura, jerarquía, alguien sabio, sereno y firme que le guíe y le diga qué ha de hacer. Tania es inexperta, nerviosa e insegura y hay que ser muy buen actor para engañar a un perro. El marido es condescendiente, laxo con la disciplina. ¿Quién es el líder de esa manada? Tendré que ser yo, concluye el perro.

Situación 1: “Entramos en casa, le limpio las patas y a los cinco minutos se pone a lloriquear frente a la puerta del jardín para que le deje salir. Le digo : No! No! No! Y se va. Pero al rato vuelve.”
Situación 2: “Al segundo día le presento la casa como me dijiste, con la correa, conseguí que subiera a la planta de arriba que es donde más estamos, pero al bajar empezó a tirar y casi me tira escaleras abajo. Fue muy gracioso!”
Comentario 1: “Aunque Jack muerda se queda con nosotros! Mi hija el otro día estuvo sentada junto a su cama toda la tarde!”

¿Quién domina todas las situaciones? Jack.

Aquí hay mucho trabajo por hacer. Cristina, la entrenadora que ha contratado Tania, le ha dicho que empezarán el entrenamiento el 9 de enero. Pero es evidente que Jack no esperará tanto a poner orden en su vida. Me he ofrecido a ir a su casa un día entero si es necesario para trabajar juntas. Pero si la familia no está de acuerdo en cómo educar al perro, eso no hará más que confundirle.

Yo confío en Tania. Pero se ha impuesto un gran reto eligiendo a Jack como su primer perro y más teniendo en cuenta la discrepancia de criterios entre ella y su marido. Hoy ya estaba agobiada. Tranquila Tania; respira profundo.